Si lo intentas puedes perder, si no lo intentas… estas perdido

jueves, 23 de diciembre de 2010

KENIA

Mucha gente nos llama locos o nos dicen que estamos “piraos”. Puede ser. Pero a los que nos gustan los animales, quizás me entiendan. Y seguro que también nos dará igual que nos sigan llamando locos.
Hace unos días escribí algo sobre mi padre y sobre el infarto que había sufrido. Y también os hacía referencia a el papel tan esencial que tuvo mi perra de aguas, Kenia, en todo lo sucedido el pasado 21 de noviembre. O por lo menos eso pensamos en casa. Ya no sé si pensar que los que me llaman loco llevan razón o no, pero lo cierto y verdad es que cada día estoy más pirao por mi perra.
Juan Medina, desde Badajoz, creo que se ha orientao un poco sobre el tema. Amigo Juan, Kenia no es Hachi, pero creo que le queda poco. La hazaña de Hachiko es grande, muy grande. Tan grande que no ha sido realizada por ningún humano ni creo que sea realizada por nadie. Por eso digo que es mi héroe, aunque luego siempre salga el típico anti taurino de tres al cuarto que me echa en cara el llevar a gala tener como héroe a un perro y luego haber matado toros. Como si tuviese que ver algo una cosa con la otra.
Kenia nació en agosto de 2003. Es un perro de Aguas Español, o turco como le llaman muchos. Su padre se llamaba Elio (tristemente desaparecido) y su madre se llama Bruja. Bruja es propiedad de mis amigos Manolo del Toro y mi amiga Olvido. Olvido, allá donde estés, gracias y mil gracias por el regalo que me hiciste. Te lo dije en vida mil veces pero no las suficientes por todo lo que me dejaste con Kenia. Siempre estaremos orgullosos de ti.
Lo cierto y verdad es que guardo un grato recuerdo de todos mis perros, pero Lobi (que ya os deje algo en su día) y ahora Kenia tienen un aura especial. Kenia es de esos perros que te bastan media hora para que aprenda algo. Un día se me ocurrió decirle que me fuera por las zapatillas para ducharme, y solo se las tuve que poner en la boca un par de veces. Es increíble, pero cuando ella barrunta el momento de ducharme, incluso me las trae sin decirle nada. Con el correo, tres cuarto de lo mismo. La de apuestas que he ganao con la perra.
Cuando me fui a casar, hace cuatro años, le dije a mi padre que me pensaba llevar a Kenia a mi casa y la contestación fue rotunda: “Me parece muy bien que te cases, pero la perra no se mueve de aquí”. Y haber que le dices ahora… Mis padres se quedaban solos y su única compañía era Kenia, así que tuve que resignarme y se la deje en casa.
Kenia tiene un trato especial con mi padre. Desde que me fui, esta todo el día con él. Paso que da el, paso que da ella detrás. Están los dos todo el día en el jardín que tenemos detrás de casa, o “cortinal” como se le llama habitualmente por aquí abajo. El pasado día 21 de noviembre era un día como otro cualquiera hasta que mi padre empezó a sentir un dolor bastante fuerte en el pecho. Mi padre siempre fue un tipo duro, y sobre todo muy cabezón. Por no molestar a nadie se lo aguanta todo, y quiso aguantar a ver si aquel dolor se pasaba igual que otros muchos. Pero aquello estaba pudiendo con él, y Kenia se dio cuenta de seguida. Se sentó en un banco y la perra empezó a ladrarle.
Mi hermana vive justo encima de mis padres, y en aquel momento escucho ladrar a Kenia. Pero según ella, aquella forma de ladrar era diferente a la de todos los días, y decidió salir a ver qué pasaba allí. Al ver a mi padre sentado con la mano en el pecho, le pregunto que le pasaba y enseguida aviso a mi madre y mi hermano. El resto de la historia ya la conocen.
El médico del 061 que atendió a mi padre en la ambulancia nos dijo que había sido primordial la rápida atención y el haberlo pillado a tiempo. Entonces nos miramos todos y nos acordamos de Kenia, nuestro particular Hachi Juan.
Hasta el día de hoy, que mi padre sigue ingresado, la perra no es la misma. Esta triste. Los primeros días iba a buscarlo a su cama, como todas las mañanas, pero cuando ve que no está… la pobre se vuelve a ir a su colchón. Mi padre, en cuanto me vio en la UCI, lo primero que me pregunto fue por “su” Kenia.
Otra de las debilidades de Kenia es Rocío, mi mujer. Conmigo es verdadera pasión y como habréis podido comprobar en muchas otras entradas, me gusta pasar mucho tiempo con ella en el campo. A solas, ella y yo. Me relaja bastante. Pero cuando esta Rocío, se acabo el rollo Marín. Te mira con esa cara de inocentona, que solo le falta hablar y decirte: “a ti te tengo seguro, pero a ella la veo menos”. Y pasa de mí como agua que muele molino.
Espero no haber aburrido mucho con esta historia, pero creo que lo menos que se merece mi perra es este pequeño y humilde homenaje. Aprovecho también la ocasión y las fechas en las que estamos para recordad a todo aquel que piense regalar un cachorro en navidades, que piense muy bien lo que hacen por favor. Que no abandonen luego a ningún perro, porque ellos tienen mucho que dar y siempre dan más de lo que reciben.
Fíjense en sus ojos y dejen que la gente les llamen locos y piraos. Si su perro piensa que usted es el mejor… no busque una segunda opinión. Merece la pena.
Un saludo.

martes, 21 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD

Desearos a todos y cada uno/a de los/as que me habéis visitado este año, una FELIZ NAVIDAD y que el 2011 llegue lleno de salud para todos/as.

Agradeceros a todos vuestros comentarios. A los que no comentáis también gracias por estar ahí.

Gracias a todos los que me habéis ayudado con vuestras aportaciones y vuestras correcciones. Estamos, y seguiremos para aprender de todos vosotros/as.

Un saludo.

martes, 14 de diciembre de 2010

ENRIQUE MORENTE, EL ADIOS DE UN GRANDE


Nos ha dejado un artista como la copa de un pino. Enrique Morente, grande. Grande como Granada entera. Enrique era Granada, el Albaicin que le vio nacer en 1942. Era sacromonte puro. Y Granada es Enrique. Ya se nos quedó huerfano el Cerro de Palomares. Descansa en paz maestro.




Siempre nos quedará Estrella, tu Estrella... Morente.




In Memorian.

jueves, 2 de diciembre de 2010

A MI PADRE...

Son las tres de la mañana, y aquí en el hospital, la soledad es jodida. Llueve como si no hubiese llovido nunca y la maquina del café ya me ve venir y me teme. Hoy me ha tocado pasar la noche con mi padre, que hace un par de domingos le dio un infarto. Ha sido fuerte la voltereta, la verdad, pero siempre fue un tipo duro y, gracias también a la rápida actuación de los servicios sanitarios del 061, de esta va a salir seguro. No se me puede olvidar la parte primordial de protagonismo que tuvo mi perra Kenia en la rápida atención de mi padre. Kenia, su Kenia como el le dice, que mas adelante os contaré el papel tan fundamental que tuvo en toda esta historia.

Pero lo cierto y verdad es que ya a estas horas mi padre y su compañero de habitación están descansando, y a mi me han cortado la luz y no puedo seguir leyendo la biografía de Curro, así que he encendido el portátil, he abierto el word y mañana ya pasaré esto a El Retoñal. Yo voy a dormir poco. Estos sitios me dan mas "yuyu" que un tío vestio del Cai´ y con el 12+1 en la espalda.

Hoy encontré a mi padre bastante mejor. Se podía tener una conversación con el. Estos dias atrás no estaba para nada. Perdía la noción del tiempo, dormía bastante y cuando menos te lo esperabas, saltaba por peteneras. Pero hoy, después de aguantar todo el partido del Atlético de Madrid, le enseñe esta foto en el portátil y le intenté sacar conversación junto a Manuel, su compañero de habitación que también es de la misma edad mas o menos que mi padre.

- ¿Te acuerdas de este día papa?.

- ¡No me voy a acordar! Estaba tu madre embarazada de ti y estábamos en las capeas del pueblo.

Se dirigió hacia Manuel y le dijo: - Mis amigos me la quisieron jugar amigo Manuel y me pusieron a prueba. Me dijeron que no era capaz de salir a torear... y menudo soy yo para que me pongan a prueba. A mi nunca me gustaron en exceso los toros, los veo y tal, pero nunca pensé en ponerme delante. Pero a cojones... al final corté hasta una oreja... ¡¡pa habernos matao vaya!! . Así me salio este amigo Manuel, que yo creo que algo se barruntaria aquel día porque mi mujer me estaba viendo.

¡Dios! que risa. Me alegre mucho de que recuperara el animo.

- Pero tu eras muy amigo de Terrón ¿no papa?.

- Si, pero ese tenia dos hue... y llegó a ser matador de toros. Yo con mi palustre y mis ladrillos tenia bastante. Pablo era mas valiente que un tejón y yo tenia mas mieo que una zorra.

De repente me aparece otra foto en el ordenador.... ¿Y de esta te acuerdas papa?
-¡Que si me acuerdo! Ese toro de plástico te lo compré en la feria cuando tenias dos años. No me he arrepentido nunca mas de haberte comprado aquel juguete.

-Pero ¿porque papa?, si era mi juguete preferido.

-Pues por eso, porque te podía haber comprado un balón de fútbol. ¿Sabes lo que he pasado cada vez que te ibas a torear?. Menos mal que te he ido a ver poco, porque a ningún padre le gusta ver como un novillo o una vaca se echa a los lomos a su hijo. Manuel-le dice a su compañero de cama-, fui a verlo la primera vez a un tentadero de machos en el campo. A el ganadero le dio por quemar un novillo que fue muy bueno en el caballo, y le dijo a este que cogiese la muleta. ¿Y sabes que amigo Manuel?.... ¡Le dio por quedarse quieto!. Después no dio ninguno en condiciones. Pero me sorprendió el jodio, se quedo quieto.

-Bueno papa, alguno si que daría ¿no?.
-Pocos....

Me quedé un rato mirando en silencio a mi padre. La verdad es que nunca me dijo nada ni me dio coba ninguna. Ni para bien ni para mal. Simplemente se limitaba a callarse. Ahora, con el tiempo sé que no me apoy aba públicamente, pero tampoco me recriminaba nada para no molestar. Siempre me apoyó en silencio. Le bastaba con que me quedase quieto. ¡Que cosas!.
Aquel toro que me compró cuando pequeño, para mi siempre fue mi juguete preferido. Recuerdo, que a este toro se le movían los pitones. Y algunos días me daba por ponérselos veletos y otros días gachos. Cuando mi padre llegaba por la tarde del trabajo y me veía jugando con el toro con los pitones gachos me decía: "¿Que? Hoy estamos justitos de valor ¿no?". Las cosas de mi padre...
Vuelvo a mirar a mi padre, que sigue dormido y se me escapa una leve sonrisa.

Gracias papa. Gracias por apoyarme en todo lo que decidí hacer siempre, aunque no lo manifestaras o no estuvieras de acuerdo. Se que con tu silencio siempre estuviste ahí. Gracias por ser un tipo valiente siempre en la vida. Por no arrugarte nunca en tu trabajo, incluso estando enfermo, para traer el pan a tu casa, ni por arrugarte ante un sencillo pique delante de tus amigos en una tarde de capeas. Gracias por comprarme aquel toro de plástico y gracias por comprarme también mi primer traje de luces. Yo seguro que no le compraré a mi hijo, ni toro, ni capote ni traje de luces. O por lo menos intentaré por todos los medios el no comprarselos.
Ahora se que me parezco un poco a ti, en muy poco, pero en algo me parezco.

Gracias papa.